Fueron las últimas paralabras que escuché del anestesista el sábado pasado. Sin duda es muy potente lo que inyectan. Un auxiliar preguntó: -¿Sentís mareo? -No-: no sentía nada todavía y de golpe fue como estar ebrio, varios litros de cerveza. Luego dije: -ahora sí siento el mareo- y antes de desaparecer tiré un: -¡wow!-
Esto me lo contaron una vez a la madrugada. Quizá no sea más que una creencia de la chusma, pero son algunas historias que llevan a lo mismo; las primeras dos y una tercera que concluye la idea. La primera es sobre algo que sucede en un sanatorio, dicen que cuando aparece una mosca -alguién vé una mosca- en terapia, es porque un internado pasó a mejor vida... La segunda reafirma lo anterior, habla de doctores vinculando las moscas en un hospital con la muerte. Los sucesos se repiten en distintos lugares. Es que en un ambiente controlado -como el de un hospital o un sanatorio- la posibilidad de una mosca, es remota (en serio, debería ser así). Con sólo recordar que los empleados (doctores, enfermeras, técnicos) llevan protección especial para no contaminar el entorno y mantenerlo estéril, se entiende la prioridad de este tema. La tercera es de alguien que cumplía su ronda de medianoche y al llegar a una de las camillas, encuentra las máquinas (sensores, asistentes, con los típicos ruido...
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